Recien lei algo que realmente me hace sentirme menos sola, una mujer, 31 años, independiente, confirmo mis sospechas. Menos mal que tuve a mi gorda y de joven. Que seria de mi hoy. Sí, ella me cambio la vida, redireccionó mi vida, me mostro el camino, despues hubo aciertos y errores de mi parte pero todo fue en pro de construir mi castillito de arena para ella. Y hoy cada vez que la miro encuentro en esos ojitos la fuerza para que mi ejercito enfrente la lucha diaria.
VoS sAbEs, CoMo Te EsPeRaBa, CuAnTo Te DeSeAbA.....
No Si VoS sAbEs...
La frase: No EsToY nUnCa MaS sOlA......
Hola! Bien-venidos!
Las mujeres somos muchas cosas, yo por mi parte soy hija solo de mamá, soy madre, soy amiga, soy varias cosas pero que resumidas volvemos al principio, Soy Mujer!
sábado, 31 de julio de 2010
viernes, 16 de julio de 2010
Encuentros anonimos
Su mirada me penetraba hasta lo más profundo. Así tierna y dulcemente. Yo lo miraba, percibía a lo lejos su deseo. El recorría mis pecho, se metía en mi escote, bajaba a mi ombligo hasta que sus ojos llegaban a mi entre pierna.
Su boca saboreaba mi anhelo, su lengua asomaba apenas por entre sus labios.
Yo lo miraba distraidamente, no quería que él sintiera que me moría de ganas de que me posea, que me tome y me lleve por ahí. Ya podía imaginar sus manos sobre mis pechos, acariciándolos, presionando hasta el límite. Luego su mano en mi espalda, con un solo dedo recorriendo mi columna, yo sintiendo ese estremecimiento. Luego sus caricias en mis muslos, rodeándolos, dibujando su forma. De pronto su tacto bajando por mi panza hasta mi pubis, buscando su punto, así suave, lento, pero con sus movimientos ansiosos.
Mis ojos cerrados me trasladaron allí, con él. El calor comenzó a subir por mis brazos, lo sentí desbordar mis mejillas. Alguien pronunciado mi nombre me volvió al lugar. Y él ya no estaba.
Maldije mi momento de inconsciencia, lo había perdido.
La fiesta siguió, con sus charlas, el alcohol, la noche estrellada. La música sonaba perfecta.
Los amigos intentando presentarme a algún soltero que pescaban por ahí. Pero yo seguía con él en mi cabeza, por decirlo de alguna manera.
Me disculpo y me dispongo a ir al tocador, atravieso la puerta que conectaba el patio con el living, esquivando unos bellos muebles, tome el pasillo que me habían indicado para llegar. Cuando lo veo, ahí saliendo del lugar al que yo iba. Lo mire y no se que busque en su rostro. Era un hombre sumamente hermoso, sus facciones hubieran puesto celoso al mismo Aquiles.
-hola- dejo deslizar.
-hola- conteste tímidamente.
Es en esos momentos en los que mis mejillas me delatan tornándose de un intenso rojo.
Me tomo de la muñeca izquierda, y la coloco en su nuca, me beso de una manera que logro casi aflojar mis rodillas. Estábamos a tan solo unos pasos del baño, me tomo de la mano y me llevo allí.
La puerta fue trabada, un beso me arrojo contra el lavabo, mis piernas rodearon su cadera.
Tuvimos ese apuro de adolescentes, esa urgencia de habernos encontrado después de mucho tiempo, él mío y yo, toda suya.
Mi vestido, sus pantalones, su camisa, nuestra ropa interior.
La traspiración me nublaba la vista. Los sonidos.
Lo sentí dentro de mí. Con sus movimientos, sus ojos clavados en mí. Sus manos no dejaron espacio huérfano de él.
Su boca sabía a menta, su perfume era verdaderamente embriagador.
Me perdí, me deje llevar.
Sus manos en mi espalda eran el paraíso.
Cuando me volvió de frente al espejo, me tomo todo lo suavemente que en ese momento se permite del cuello, guiándome, moviéndome.
Su otra mano iba de mis pechos a mi cintura, a mi panza. Me sostenía fuerte.
Apoyo su frente entre mis omóplatos, sentí su agitación, su respiración caliente sobre mí.
Observe sus hombros por el espejo, estaban muy formados, aunque no era un hombre demasiado corpulento, sus formas dejaban entrever un estado físico óptimo.
Sus manos eran grandes, sus dedos anchos. Su cabello corto, negro y brillante. Su torso carecía casi por completo de bello.
Su pene era grande, recuerdo que cuando me penetro, lo hizo despacio, y fue doloroso y placentero a la vez.
No quería dejar que salgo de mí. Lo quería dentro, así quieto.
No sabía su nombre, pero tampoco se lo pregunte.
El dijo – excelente-abrocho su camisa, su pantalón y su cinto.
Yo arregle mi pelo, revise mi maquillaje.
Abrí la puerta y salí.
Su boca saboreaba mi anhelo, su lengua asomaba apenas por entre sus labios.
Yo lo miraba distraidamente, no quería que él sintiera que me moría de ganas de que me posea, que me tome y me lleve por ahí. Ya podía imaginar sus manos sobre mis pechos, acariciándolos, presionando hasta el límite. Luego su mano en mi espalda, con un solo dedo recorriendo mi columna, yo sintiendo ese estremecimiento. Luego sus caricias en mis muslos, rodeándolos, dibujando su forma. De pronto su tacto bajando por mi panza hasta mi pubis, buscando su punto, así suave, lento, pero con sus movimientos ansiosos.
Mis ojos cerrados me trasladaron allí, con él. El calor comenzó a subir por mis brazos, lo sentí desbordar mis mejillas. Alguien pronunciado mi nombre me volvió al lugar. Y él ya no estaba.
Maldije mi momento de inconsciencia, lo había perdido.
La fiesta siguió, con sus charlas, el alcohol, la noche estrellada. La música sonaba perfecta.
Los amigos intentando presentarme a algún soltero que pescaban por ahí. Pero yo seguía con él en mi cabeza, por decirlo de alguna manera.
Me disculpo y me dispongo a ir al tocador, atravieso la puerta que conectaba el patio con el living, esquivando unos bellos muebles, tome el pasillo que me habían indicado para llegar. Cuando lo veo, ahí saliendo del lugar al que yo iba. Lo mire y no se que busque en su rostro. Era un hombre sumamente hermoso, sus facciones hubieran puesto celoso al mismo Aquiles.
-hola- dejo deslizar.
-hola- conteste tímidamente.
Es en esos momentos en los que mis mejillas me delatan tornándose de un intenso rojo.
Me tomo de la muñeca izquierda, y la coloco en su nuca, me beso de una manera que logro casi aflojar mis rodillas. Estábamos a tan solo unos pasos del baño, me tomo de la mano y me llevo allí.
La puerta fue trabada, un beso me arrojo contra el lavabo, mis piernas rodearon su cadera.
Tuvimos ese apuro de adolescentes, esa urgencia de habernos encontrado después de mucho tiempo, él mío y yo, toda suya.
Mi vestido, sus pantalones, su camisa, nuestra ropa interior.
La traspiración me nublaba la vista. Los sonidos.
Lo sentí dentro de mí. Con sus movimientos, sus ojos clavados en mí. Sus manos no dejaron espacio huérfano de él.
Su boca sabía a menta, su perfume era verdaderamente embriagador.
Me perdí, me deje llevar.
Sus manos en mi espalda eran el paraíso.
Cuando me volvió de frente al espejo, me tomo todo lo suavemente que en ese momento se permite del cuello, guiándome, moviéndome.
Su otra mano iba de mis pechos a mi cintura, a mi panza. Me sostenía fuerte.
Apoyo su frente entre mis omóplatos, sentí su agitación, su respiración caliente sobre mí.
Observe sus hombros por el espejo, estaban muy formados, aunque no era un hombre demasiado corpulento, sus formas dejaban entrever un estado físico óptimo.
Sus manos eran grandes, sus dedos anchos. Su cabello corto, negro y brillante. Su torso carecía casi por completo de bello.
Su pene era grande, recuerdo que cuando me penetro, lo hizo despacio, y fue doloroso y placentero a la vez.
No quería dejar que salgo de mí. Lo quería dentro, así quieto.
No sabía su nombre, pero tampoco se lo pregunte.
El dijo – excelente-abrocho su camisa, su pantalón y su cinto.
Yo arregle mi pelo, revise mi maquillaje.
Abrí la puerta y salí.
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